Mujer contra Mujer

Ya lo decía Ana Torroja “Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano, el matiz viene después, cuando lo hacen por debajo del mantel” Las mujeres han sufrido numerosas discriminaciones a lo largo de la historia, siendo siempre un colectivo en exclusión social, humilladas, estereotipadas y obligadas a cumplir las directrices del patriarcado.
El asunto se complica todavía más si eres una mujer lesbiana que decide vivir su vida de manera libre. Todavía cuesta ver a una mujer sin un hombre a su lado, se piensa que son menos poderosas, pero es todo lo contrario dos mujeres son fuerza, apoyo y amor. Cuando dos personas se aman los límites del sexo  bilógico están de más, es duro que sometamos a juicio, en pleno siglo XXI, el amor lésbico. Aunque no lo hagamos formalmente, las miradas por la calle, las risitas, el juzgar su manera de vestir, o el preguntarle “¿estás segura?” ese el mayor juicio social al que se ven sometidas si quieren vivir su vida con toda la libertad de una pareja heterosexual.

Porque todavía la mujer es sometida a más presión social que los hombres cuando es homosexual, esto se debe a que se considera que estas deben unirse con un hombre para formar una familia tradicional y que si la forman con una persona de su mismo sexo es menos válida o tiene más dificultades para salir adelante, y yo me pregunto ¿educamos con la genitalidad? Particularmente no recuerdo que mi madre o mi padre tuvieran que enseñarme cosas básicas como es el respeto a los demás, convivir en sociedad o como sentarme adecuadamente usando su sexo como base, siempre usaron su identidad como referente y sus valores como bandera, basándome en esto planteo que dos mujeres o dos hombres pueden  criar igual de bien o mejor si cabe a la familiar que deseen formar. Pueden ser lo que quieran ser y estar con quien desean estar, pero tienen que hacerlo con el apoyo de la sociedad, para que dentro de espero poco tiempo veamos el matrimonio homosexual  y la las familias formadas por dos personas del mismo sexo normalizada dentro de nuestro día a día.

Por eso te invito a comiences con pequeñas acciones que apoyen esta causa, cuando veas a una pareja de mujeres de la mano por la calle no las mires prejuzgándolas o imaginándote la historia de cada una, solamente míralas y piensa en su valentía al visibilizar y reivindicar sus derechos. Cuando veas a dos mujeres besándose en la calle, no sientas repulsión o te sientas extraño o extraña, sabes que si fueran un chico y una chica no le darías mayor importancia; si alguien se afirma como lesbiana no le preguntes si está segura de su preferencia sexual o comiences hagas gestos extraños que indiquen que te incomodan, porque seamos serios y serias nadie se inmuta cuando un niño dice que le gustas las niñas. Son pequeños gestos que poco a poco pueden cambiar el mundo, pero sobre todo pueden mejorar el mundo de esas personas que son valientes y deciden ser lo que son a pesar de que cuenten con el rechazo de una parte de la sociedad.


Sara Delia Ortega Sánchez 

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